Reseña de Alpheratz (por José Luis Pérez Fuente)

ALPHERATZ, + JORGE CASTRO = 2 ESTRELLAS.

Fuente: http://poeticaubicua.blogspot.com.es/2015/10/alpheratz-jorge-castro-2-estrellas.html

Jorge Castro - Alpherazt

 

Este pequeño-gran libro es un cosmos paralelo por el que transcurren profundos anhelos en íntimos sentimientos expresados por la ¿voz?, ¿alma? de un poeta, Jorge Castro, dotado de unos sensibles ojos humanos y una delicada pluma onírica.

La realidad se transforma en metáfora constante. Hay que transitar de puntillas, de imagen en imagen, para resolver el enigma y sentirse plenamente tocado por la intensa semántica de sus versos.

En ocasiones aparecen perfiladas siluetas fantásticas, representaciones de objetos reales que miran, que vigilan. Unas veces son elementos de la ciudad –azoteas, rascacielos–, en la que “suceden” la mayoría de los poemas; en otras, son las propias sombras las que reflejan cuerpos, ideas, palabras, o ellas mismas llegan a cobrar vida.

La posición del lector es la del espectador que camina junto al autor, la de un observador privilegiado. Es un viaje por el mundo de J. Castro, salvo en una ocasión: el poema XXIII, donde el ‘nosotros’ gramatical, enclítico de “esperamos” y los explícitos posesivos “nuestra” y “nuestros” nos implican durante dos estrofas. Pero el resto es coto cerrado, íntimo y personal que Jorge comparte sinceramente con el receptor que se acerca a su obra.

La lectura de este poemario requiere, en muchas ocasiones, el reposo, la relectura serena para captar todos los recursos creativos. No es una poesía ligera, es una lluvia lírica que va calando poco a poco.

Cuatro son los poemas que destacan, en mi opinión, sobre los demás:

I Amarga lloraba la luna.

Dedicado a Federico García Lorca.

Nuestro autor hace una declaración de principios en estas estrofas. Nos plantea el juego metafórico al que va a recurrir durante su obra, una recreación analógica de significados que, en muchas ocasiones acabará utilizando como alegorías (silencio, sombras…). Pero en este caso, los símbolos empleados son semejantes a los lorquianos, con la misma intención significativa, todo un homenaje al poeta de Fuente Vaqueros. Luna, agua, sangre, caballo, jinete y plata, unidos por su vertiente característica de la muerte, se citan y dan al poema un carácter luctuoso y determinista. El sonido de un disparo y las madres muertas de Granada son la aportación que el autor añade para extremar el dramatismo.

XXII Ojos en la niebla

Se trata de un autorretrato donde la omnipresente ciudad impregna todo aquello que rodea al poeta. A partir de ahí, nos presenta su pequeño reino y susambiciones:

«Quiero ser mensajero del viento,

ojos en la niebla, oídos en la noche».

Llega a ser consciente de la importancia que puede tener el hecho de ser leído «de ser inmortal» (como lo fuera Horacio con Melpómene). Aunque luego prefiera bajar al mundo real:

«Después, todo se destruye como un castillo de naipes, todo,

el reino, las palabras, incluso el silencio».

XXVII Alpheratz

Es el poema que da título al libro y, lógicamente, un elemento básico para la interpretación del mismo. Surge una voz solitaria dirigiéndose noche a noche a la lejana imagen creada con palabras, inalcanzable en el tiempo (Alpheratz es una estrella a unos cien años luz de la Tierra…), inasible. Lo que vemos tras el poema es el deseo vehemente de la luz, del silencio, de lo inmanentemente puro.

XXXVIII Como un árbol caído

Cierra el círculo lírico –y finaliza el poemario– con algunas de las imágenes mostradas durante toda la obra (camino, sombras, palabras, noche, silencio, tiempo, tormenta, niebla…). El resultado es un árbol caído «haciendo leña de sus propias ramas» intuyendo que volverá a renacer de sus cenizas, como el ave Fénix.

Hay que añadir, además, un texto que merece una mención especial, al margen de los anteriores, por su temática:

XX Los pasos del tiempo. Dedicado a las víctimas del terrorismo.

Pocas palabras se pueden añadir en este caso –salvo las de gratitud al autor– a tan hondo y sincero homenaje a aquellos que sufrieron la violencia:

«quiero volver a soñar

que todo es mentira».

A lo largo de toda la obra, Jorge Castro hace uso recurrente de figuras metafóricas que, en algunos casos, se convierten en iconos personales que paso a comentar:

La soledad del poeta parece encarnarse en la nieve[1], la escarcha o los océanos de hielo[2]; también está representada por las hojas de nieve [3] y el frío glaciar[4]. La clave para esta interpretación se halla en el último verso del poema XV La tarde, donde habla de la fría soledad que nace y muere.

La lluvia tiene dos vertientes en los poemas. Una de ellas, como elemento natural –lluvia, tempestad o aguacero– aliado con la noche y creador de panoramas visuales que dan lugar al día[5]. Otra faceta es la de portavoz –personificado– del propio paisaje. En el poema XIII se apoya en ella para reclamar la presencia de Benedetti[6].

Otro elemento básico en la obra de Castro es el silencio. Este se muestra en muchos de los textos y es pieza básica del paisaje –silencio frío[7], o parte integrante de la creación poética: para velar tu sueño dejaré 30.000 silencios escritos[8]. Además, el poema XVII, se titula El silencio.

El espacio y el tiempo son constantes sucesivas en todo el poemario de Jorge Castro. El primero emerge en muchas ocasiones en forma de camino, unido inexorablemente al tiempo: caminos olvidados –reflejo del pasado–[9] o como el misterioso camino de los segundos[10]. También resulta ser un lugar absoluto, por encima del tiempo[11] o unido a él: hoy paramos el tiempo, detuvimos el camino insomne de los astros…[12], Mientras transcurren vientos y mareas, pasos y caminos…[13]; y, cómo no, distancia[14]. En otros momentos, tiempo y camino son antagónicos: ni (podrá) la espera hacerse el camino.[15]

En el texto XXIV No podrá la lluvia convertirse en mar se deja ver una bella imagen del tiempo como símbolo de la impotencia de una época pasada –el tiempo que amontona las hojas–.

Además, el poema XXVIII está dedicado a este concepto: El faro del tiempoiluminando el camino a náufragos perdidos–. E incluso el tiempo es un personaje observador de la realidad o de los sueños en otros cuantos poemas de la obra.[16]

Hay tres títulos consecutivos dedicados al paso del tiempo diario: XIV Amanece,XV La tarde y XVI La noche, que resultan ser un reflejo del paisaje interior y personal del autor.

En algunos textos se reflexiona acerca del acto creativo, sobre la propia poesía: (XI Palabras) y (XXII Ojos en la niebla) son algunos de ellos.

Por último, apuntar que varias de sus composiciones están dedicadas a otros músicos cantautores, como él, Luis Eduardo Aute, Cristina del Valle y Manuel Domínguez y Pablo Guerrero.

Un primer libro de Jorge Castro que apunta muy alto, nada menos que a una estrella,  Alpheratz, y que esperamos tenga continuidad en el futuro con nuevas creaciones.

[1] (III Persígueme a gritos) (X Caen los ojos de la tarde).

[2] (V Tierra mojada).

[3] (XXIX Como un río infinito).

[4] (XVIII Utopía).

[5] (VII Aguacero) (XVI La noche) (IV Tuve que detener mi paso).

[6] (XIII En qué lugar).

[7] (XXIV No podrá la lluvia convertirse en mar).

[8] (XI Palabras).

[9] (XIX Lugar de paso).

[10] (XXXII 1986).

[11] (XVI La noche).

[12] (XII Solos).

[13] (XXI Reloj parado).

[14] (II Como un ángel caído).

[15] (XXIV No podrá la lluvia convertirse en mar).

[16] (XXXIII El tiempo lo sabe).

José Luis Pérez Fuente

Poeta, filólogo y profesor.

Portada en Diario Crítico y presentación

     Preciosas palabras del periodista Emilio Martínez para Diario Crítico. Y os recuerdo que esta tarde es la presentación de “Alpheratz” en el Libertad Ocho de Madrid. Será a las 19:30 (ENTRADA GRATUITA) y estaré acompañado por l@s grandísim@s Cristina del Valle, Manuel Domínguez y Luis Eduardo Aute. En las canciones nos acompañará al piano el no menos grande Álvaro Guijarro. ¡Os esperamos! ¡Qué ganas!

http://www.diariocritico.com/noticia/487754/de-la-musica-a-la-poesia-jorge-castro-publica-alpheratz-su-primer-libro-de-versos.html