Aurora

Artículo escrito para http://www.ondaglobalmedia.info/

La conocí un mes de junio. Con voz suave despertaba al mundo de su letargo infinito. Con pasos tranquilos de nube caminaba por el aire, ingrávida, tan llena de mar que sus ojos eran de tierra. Jamás había visto un rostro tan ajeno al dolor… a esa especie de tormenta de fuego que nunca pensamos que llegue a salpicarnos. Nos hicimos amigos.

Una vez, conversando me habló de él. Llevaban juntos desde enero y sus palabras hacían realidad esa frase de Borges 7884267970_673e1acc78_kque decía: “uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única”. Sin duda alguna debía serlo por lo bien que la trataba… era detallista, amable… todo lo que una mujer espera de un hombre y dicen, es tan difícil de encontrar. Después de unos meses volvimos a vernos en el mismo lugar donde su risa inundaba el aire con su elixir de vida y esperanza. No supe qué ocurría, pero sus ojos tenían un brillo diferente… una brizna de miedo tras su pupila, tras ese cristal limpio, aún no lacerado por el tiempo, pero que dejaba vislumbrar un hondo abismo de espanto, un salto al vacío propio de las almas atormentadas. No quiso contarme nada, salvo que se había casado y era feliz. No hacía más que mirar su teléfono móvil y girar la cabeza como esperando algo, como quien siente se siente observado por una hiena al acecho, como quien espera que algo malo suceda. No terminó su café pero me dijo que debía marcharse, que se le había hecho tarde. Salió sin apenas despedirse, con miedo de que alguien nos viera juntos.

Durante un tiempo la llamé sin recibir respuesta. Sin decirme al menos si se encontraba bien, si podía ayudarle de alguna manera… el silencio fue su única respuesta. Fui a su casa para ver si había ocurrido algo, pero su marido me dijo que no estaba, que ya me llamaría, que se encontraba perfectamente y que si necesitaba algo, para eso estaba él. Me marché con un nudo en el pecho que no me dejaba respirar, no podía estar pasando… no a ella.

Pregunté a los vecinos y todos me dijeron con una sonrisa que era la pareja perfecta y que siempre los veían juntos, hasta para el más insignificante recado. El azar hizo que la viera un tiempo más tarde. Actuó como si no me hubiera visto, pero corrí tras ella y conseguí parar su paso… le quité las gafas de sol y pude ver el efecto devastador de lagirl-sad-crying-raining-rain-drops-window-people ira de una bestia sin alma. Sus ojos ya no eran ese cristal límpido, libre de miedo. Eran un océano de llanto y se derrumbó en mis brazos. Jamás había visto un rostro con tanto dolor… era como si hubiese envejecido cien lustros de golpe, como si esa voz suave se hubiera quedado en un hilo sumiso y tembloroso, como si nunca hubiera existido aquella chica inocente que una vez conocí. Hablé con ella y juntos fuimos a realizar la denuncia y al cabo de un rato el miedo pareció borrarse un poco… al menos eso quise imaginar sabiendo que hay heridas en el alma que jamás se borran.

Prometí cuidar de ella para que sus pasos tranquilos vuelvan a caminar por el aire y su voz suave, despierte de una vez al mundo de su letargo infinito. “No tienes nada que temer…”, le dije, “sal a la calle, corre, ríe… demuestra que nadie puede apagar la luz de tus ojos. Nunca jamás volverás a tener miedo porque no estás sola, la sociedad entera está contigo”.

Lamentablemente la violencia machista sigue siendo una lacra en este país. No podemos consentir que en nuestra sociedad siga habiendo personas encarceladas en su propia casa, privadas de su dignidad y sometidas por el tirano que vive con ellas. ¡Basta ya de violencia de cualquier tipo! Ante el más mínimo síntoma de maltrato, denuncia. Entre tod@s conseguiremos acabar de una vez por todas con los malos tratos… Sirva este pequeño relato como homenaje a las víctimas y para recordarte que NO ESTÁS SOLA, la sociedad entera está contigo.

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